Lucia “Lucy” Ortega, de 31 años, posa afuera de su restaurante y cafetería, Sierra Mexican Cafe, en SouthGate Crédito: Lucia Ortega | Cortesía

Hace cuatro años, Luci Ortega, originaria del sur de Los Ángeles, tomó una decisión que cambió su vida y la de su familia para siempre. Después de haber enseñado química y ciencias a estudiantes de preparatoria en la ciudad, esta maestra de 31 años se dedicó al emprendimiento como una forma de generar un segundo ingreso. 

Pero lo que comenzó como una necesidad se convirtió rápidamente en una pasión, con el objetivo de construir algo que perdurara por generaciones. 

“Al principio, solo era para tener dinero extra. Aunque era profesional, a veces pensaba que no podía salir adelante económicamente con lo que ganaba, así que me arriesgué y primero abrí un negocio de alquiler de artículos para fiestas, que me fue muy bien, pero quería algo más”, dijo Ortega. “Quería construir algo para mi familia: un legado y un negocio permanente”.

Fue ahí cuando decidió dejar su trabajo como maestra y su primer negocio de fiestas para construir Sierra Guisados, que con el tiempo creció hasta convertirse en Sierra Mexican Cafe. El nombre es un homenaje a Cuautepec, México, de donde es originaria su familia, ubicado en las sierras del estado de Puebla. 

Sus principios eran como los de muchas emprendedoras—empezó vendiendo tacos de guisados en la calle. Ortega viene de una familia de emprendedores, pero dice que, a diferencia de ellos, quienes tuvieron que crear sus propios trabajos porque no podían obtener otros, ella decidió hacerlo para generar riqueza generacional. Llevando consigo cada lección y cada consejo de sus padres, quienes ahora también forman parte del negocio. 

Después de vender en la calle por un tiempo, empezó a pensar en grande y a buscar un local permanente donde no solo pudiera vender su rica comida, sino también compartir un cafecito con sus clientes. En un área de la ciudad donde no hay muchas opciones de café mexicano. 

“El café también ha sido muy especial para mí, para mi abuelo y, de hecho, para toda mi familia; incluso mis papás, cuando eran niños y vivían en México, solían cosechar café”, comentó Ortega. “Y eso me recordó cómo el café nos une, y en el sur de Los Ángeles tenemos que salir un poco de nuestras comunidades para ir a tomar un café de especialidad, y quería cambiar eso”. 

Al transformar su local en un café, se vio enfrentada a obstáculos que suelen venir con el manejo de un negocio, como obtener los permisos necesarios y comprar una máquina de espresso, la cual dijo que tuvo que aprender a usar. 

“Me puse en contacto con Picaresca Barra de Café y recuerdo que simplemente les llamé y les dije: ‘No saben quién soy, pero realmente necesito ayuda’”, explicó. “Dos personas ya me habían hablado de ellos y les dije que necesitaba entrenamiento para preparar una buena taza de café. Necesito saber qué tengo que hacer para poner en marcha esta cafetería. Y después de uno o dos meses, me sentí segura y nuestro concepto se convirtió en una cafetería mexicana”.

Ahora es una experta en la cocina y en el manejo de la máquina de espresso, donde, durante los últimos tres años, ha creado sabores de café inspirados en su cultura.

“Algunos de nuestros lattes incluyen sabores como galleta María, café de olla, mazapán y cajeta; es decir, sabores mexicanos muy auténticos y nostálgicos”, dijo Ortega. “Y en cuanto a nuestros jarabes, los preparamos aquí mismo. Lo hacemos con azúcar morena, lo cual creo que es lo que realmente los hace diferentes”.

Otras de las delicias incluidas en su menú son su wrap de mole poblano, sándwiches de pollo en chipotle, tortas clásicas y ricos tamales para acompañar tu cafecito. En este momento dice que solo ella y 3 o 4 empleados, que son familiares y amigos de la familia.

Cuando le preguntamos si extraña ser maestra y las diferencias en las dos carreras dijo:

“Me encantaba dar clases, pero sí creo que haber sido maestra me ayudó a ser una mejor empresaria, porque solía trabajar con niños. Teníamos que lidiar con personalidades diversas y enseñar de distintas maneras”, dijo Ortega. “Incluso cuando enseño mis procedimientos, tengo que recordar que no todos mis empleados van a aprender de la misma manera”.

“Mis planes de clase se han convertido en sesiones para ver cómo puedo perfeccionar las recetas, así que va de la mano, pero obviamente es muy diferente porque, básicamente, eres responsable de todo”, agrego. 

Además de servir una deliciosa taza de café y comida mexicana, ella busca formas de ayudar a la comunidad que la ha apoyado tanto a ella como a su negocio. Aunque, al igual que muchos otros negocios en Los Ángeles, ha sido testigo del impacto de las redadas continuas de ICE, ha hecho todo lo posible por ayudar a quienes se han visto directamente afectados por la inmigración. 

Por ejemplo, este fin de semana, un porcentaje de las ventas de sus aguas frescas se donará al OCJustice Fund, que ayuda directamente a las familias separadas por las redadas. 

“Notamos el impacto negativo de inmediato: había menos gente en las calles y nos dimos cuenta de que, por miedo, la gente enviaba a sus hijos o adolescentes a recoger sus pedidos, o bien pedía que se los entregaran a domicilio”, comentó Ortega. 

Para ella, siempre ha sido importante que su comunidad se sienta bienvenida y apoyada por ella y por su negocio.  

“Nuestro objetivo es hacer algo similar cada mes y realizar donaciones a diferentes grupos que están ayudando a nuestra comunidad en este momento”, dijo. “Creamos esta cafetería no solo porque era nuestro sueño, sino también porque queríamos crear un espacio donde todos se sintieran bienvenidos y, con todo lo que está pasando, era importante que nuestra comunidad supiera que estamos de su lado; somos más que solo un negocio”.

3008 Tweedy Blvd, South Gate, CA 90280.

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